Idea central:

La LUZ viene a nuestro encuentro. Nos preparamos para acogerla.

Monición de entrada

Queridos hermanos, estamos en Adviento, preparándonos para celebrar el nacimiento de Jesús, el Hijo de Dios, la LUZ del mundo. Ante tan gran manifestación de amor por parte de Dios hacia nosotros, conviene que revisemos todas aquellas actitudes nuestras que no son una respuesta adecuada a su amor, y que ensombrecen nuestra vida. Vamos a pedir perdón por esas actitudes y a pedirle al Señor que la próxima Navidad traiga para todos nosotros una mayor justicia y una más auténtica fraternidad entre todas las personas.

Canto de entrada

Vengo ante Ti, mi Señor; Hoy vuelvo de lejos; Vamos a preparar los caminos del Señor.

Saludo

El amor de Dios Padre, que perdona nuestros pecados  y nos hace hijos suyos en Jesús, por la acción del Espíritu, esté con todos vosotros.

Oración

Mira, Señor, a estos hijos tuyos que acuden a Ti en busca de perdón y de consuelo; rompe las cadenas de nuestros egoísmos, llévanos de las tinieblas a tu Luz admirable, danos libertad para no aferrarnos a lo nuestro sino que sepamos compartirlo con los demás y concédenos la alegría de vivir el Misterio de la Encarnación de tu Hijo Jesucristo. Que vive y reina.

Primera Lectura

Efesios 5,8-16

El Señor no sólo nos trae la Luz a nuestras vidas sino que nos hace a nosotros mismos Luz de las gentes; lógico será, por tanto, que vivamos como los hijos de la Luz que somos.

Salmo 4(rezar juntos)

Escúchame cuando te invoco, Dios defensor mío; / tú que en el aprieto me diste anchura, / ten piedad de mí y escucha mi oración.

Y vosotros, ¿hasta cuándo ultrajaréis mi honor, / amaréis la falsedad y buscaréis el engaño? / Sabedlo: el Señor hizo milagros en mi favor, / y el Señor me escuchará cuando lo invoque.

Temblad y no pequéis; / reflexionad en el silencio de vuestro lecho; / ofreced sacrificios legítimos / y confiad en el Señor.

Hay muchos que dicen: / ¿Quién nos hará ver la dicha / si la luz de tu rostro ha huido de nosotros? / Pero tú, Señor, has puesto en mi corazón más alegría / que si abundara en trigo y en vino.

Evangelio

Jn 1, 1-14

Jesús es la Luz de Dios que ilumina al mundo, no para condenarlo sino para salvarlo; lo importante es que nosotros estemos dispuestos a acoger esa Luz, no a rechazarla.

Ideas para la reflexión

– Todos conocemos la experiencia de la oscuridad: “Se ha ido la luz”.

– Estamos tan acostumbrados que ya no sabemos vivir sin ella; si la luz “se va”, todo se paraliza.

– Nos sentimos perdidos en la oscuridad física.

– Hay otras situaciones que también experimentamos como “oscuridad”: ante una enfermedad, un problema, un coyuntura en la que tenemos que tomar una decisión difícil…, decimos: “no sé que hacer, estoy a oscuras”.

– Y cuando se empiezan a solucionar los problemas, decimos: “ya empiezo a ver la luz”.

– Igualmente, nuestra vida necesita LUZ: que nos haga ver quiénes somos, a dónde vamos, cuál es nuestra misón…

– Esa Luz nos marca el camino, y nos hace ver nuestros errores.

– Pero esa Luz también nos hace ver el corazón misericordioso de Dios Padre que siempre está dispuesto a reconciliarnos con Él.

– Sólo tenemos que arrepentirnos, es decir, querer cambiar.

– Pidamos, pues, perdón.

Canto penitencial

Alma mía, recobra tu calma; Desde lo hondo; Y ciegos son los hombres.

Preces

(Tras unos minutos de silencio meditativo, se hacen las siguientes preces)

– Porque no siempre ocupas el centro de nuestro corazón, porque frecuentemente te dejamos en el olvido. Señor, ten piedad.

– Por la facilidad con que pedimos que se cumpla tu voluntad y lo poco dispuestos que estamos a colaborar con ella. Señor, ten piedad.

– Por lo poco que nos esforzamos en conocer más y mejor tu Palabra, en profundizar en la Biblia, en celebrar festiva y alegremente la Eucaristía. Señor, ten piedad.

– Porque nos limitamos a soportar a los que nos rodean, a convivir fríamente con ellos, fomentando apenas el cariño y la cercanía. Señor, ten piedad.

– Por nuestras cóleras, nuestros odios, nuestras iras, por nuestro afán de venganza, de buscar que la pague el que nos la hace, porque nos cuesta perdonar. Señor, ten piedad.

– Por mirar a los demás con interés, buscando lo que podemos sacar de ellos, tomándolos como objeto de placer, utilizándolos para nuestro provecho. Señor, ten piedad.

– Por nuestras murmuraciones e injusticias, por nuestra insolidaridad con los pobres, con los enfermos, los emigrantes, los indefensos, los pequeños. Señor, ten piedad.

– Por nuestras hipocresías, falsedades y mentiras, porque nos dejamos llevar por las apariencias, nos desvivimos por la imagen y nos olvidamos de los corazones. Señor, ten piedad.

– Por nuestro apego al dinero, por nuestras avaricias, por nuestro afán de acumular y nuestra resistencia a compartir lo nuestro con los demás. Señor, ten piedad.

– Por nuestras faltas de fe y de esperanza, por nuestros recelos y desconfianzas, porque nos dejamos dominar por las dudas y los temores. Señor, ten piedad.

(En este momento pueden hacer las confesiones individuales quienes lo deseen)

Oración

Ya es hora de despertar. Ya es hora de abrir los ojos y ver la Luz. Ya es hora de levantarse y reconocer la aurora que llega. Ya es hora de descubrir Tu presencia y de aceptar Tu salvación. Ya es hora de hacerte un sitio en nuestra vida y colaborar con tu voluntad. Ya es hora de ponernos a trabajar por el Reino. Ya es hora de abandonar las tinieblas y abrir nuestras vidas, de par en par, a tu Luz. ¡Ayúdanos a conseguirlo, Padre!. Por Jesucristo nuestro Señor.

Canto final

Esperando, esperando al Mesías; Llega el día